Judíos expulsados de países árabes, “borrados de la escena histórica”

30/Nov/2016

ItonGadol

Judíos expulsados de países árabes, “borrados de la escena histórica”

Las imágenes de refugiados que inundan en
estos días Europa, cuando familias completas y niños pequeños duermen en las
calles sin agua ni alimentos, y recorren a pie miles de millas hacia un futuro
desconocido, colman los principales noticieros y medios de comunicación del
mundo entero.
Se suele decir que una imagen vale
más que mil palabras, y de hecho la amplia cobertura mediática plantea en la
agenda pública el tema de los refugiados e influye en todos los países
occidentales. Esta cobertura de los medios no estaba disponible para los
refugiados y desplazados judíos que fueron deportados de los estados árabes e
Irán en el siglo pasado, y así sus historias se mantuvieron al margen de la
conciencia y el debate público.
Los refugiados judíos de los países árabes
– en su gran mayoría – debieron abandonar los lugares donde habían nacido y
vivido sin bienes ni posesiones materiales. Se trata de un proceso que comenzó
en los años 30 del Siglo XX, que fue creciendo y se intensificó por decisión de
la Liga Árabe en la época de la creación del Estado de Israel y continuó en los
años 50 y 60. Durante estos años los judíos sufrieron pogromos, persecuciones,
detenciones y ejecuciones, y a medida que se intensificaba el proceso dejaron
de existir comunidades con una historia de cientos y miles de años, en lo que
se definió como “limpieza étnica” de la población judía de los países árabes.
Todos ellos se convirtieron en refugiados,
muchos encontraron refugio en Israel, y hoy esos refugiados y sus descendientes
constituyen más de la mitad de su población.
Sin embargo, a pesar del alcance y la
intensidad de estos acontecimientos, las voces de los refugiados judíos de los
países árabes, son prácticamente inaudibles, mientras que su historia y
experiencias están en gran medida ausentes del discurso público y la narrativa
histórica de Israel. Los gobiernos israelíes no se ocuparon de exponer uno de
los temas más dolorosos de la historia judía, que constituye una parte
fundamental del legado de más de la mitad de la población del país.
Desde el punto de vista histórico, éste es
el segundo éxodo de judíos de países árabes, a pesar de que nadie lo reveló
durante todos los años en los que tenían lugar los pogromos y agresiones a
estas comunidades y el hecho de que, después de 2500 años de historia llena de
vida, esas comunidades se vaciaron por completo en un lapso de 25 años.
A excepción del ministro de
Educación, Naftali Bennet, que muestra gran disposición a exponer el tema, el
sistema educativo no ha hecho lo suficiente durante décadas para que los
estudiantes comprendan y aprendan estas historias.
Esto creó una situación absurda en la que
los adolescentes se identifican con lo que los palestinos llaman
«Nakba», sin ser conscientes de la Nakba real y proactiva que tuvo
lugar hacia los judíos en los países árabes, cerca de la mitad de los cuales
son sus descendientes.
En un intento por rectificar esta
situación, en 2014 se promulgó una ley – por iniciativa del ex legislador
Nissim Zeev – de establecer un día en el que se recuerde la expulsión de los
judíos de los países árabes e Irán. Sin embargo, hoy, cuando conmemoramos este
día por segunda vez, lamentablemente la exposición pública del tema y el
homenaje a sus protagonistas aún no es suficientemente digna y tampoco hay
consenso respecto de la forma cómo el Estado de Israel debería conmemorar este
día.
Se trata de un capítulo importante en la
identidad como pueblo de Israel en el Estado de Israel y ha llegado el momento
de que ocupe el lugar que le corresponde en la historia judía y en la
conciencia pública de nuestro pueblo.